Estimados lectores:

Amigos y amigas de la periferia, agradecemos gustosamente su colaboración para nuestro próximo número, posibilitando un encuentro alrededor de las distintas formas de expresión que construyen este proyecto del cual ustedes son parte fundamental. Esperamos sus aportes en cuento, poesía, ensayo y reseñas con temas de literatura, filosofía, Cine, arte y música, a nuestro correo: periferialiteraria@yahoo.es.


Editorial

Al fin y al cabo, el clima de una ciudad no depende tanto de las diligencias de la naturaleza, como de la situación espiritual de quién la contempla desde su ventana.” Gabriel García Márquez

Los que habitamos esta ciudad enigmática, ya sea que hayamos nacido en ella o que hayamos llegado en distintas circunstancias, guardamos las imágenes que vemos desde las melancólicas ventanas bogotanas, pues en las caras de sus habitantes se advierte el retrato de un territorio desmembrado por el consumismo y las secuelas de la guerra; peatones que van y vienen, y en su afán no pueden cambiar la expresión de su cansado semblante, sus sombrías desolaciones. La gente que llega se apropia de la capital. Andrés Caicedo en calidad de exiliado la llamaba tabogo en los setentas; cuando acudía sin remedio más de una vez al día a las oscuras salas de cine, que hoy son un vestigio de lo que está a punto de acabarse en medio de un enrarecido ambiente de desidia. En Bogotá a cualquier hora sale uno a la calle y puede encontrarse con lo que no se le ha perdido, y parece encontrarlo deambulando por librerías de primera línea y de usados, en los épicos bares y cafés de antaño donde rondaron por noches interminables algunos poetas como León de Greiff, con sus versos errantes y pasos de juglar, como hijo de noches tenebrosas y lunáticas que cambian el semblante mojigato que conservan en el día las grandes ciudades, en un caótico ritmo de vida, asegurado por un ambiente represivo:“gente necia, / local y chata y roma. / Gran tráfico / en el marco de la plaza. / chismes. / Catolicismo. / y una total inopia de cerebros…/ Cual / si todo / se afincara en la riqueza

Todos los días ocurre algo que incide en el paisaje urbano de la ciudad, recientemente han sido los incendios que nos muestran un creciente problema de equilibrio ecológico, generado por la inconciencia ciudadana y por la construcción de edificaciones en las faldas de los cerros tutelares con la venia de la institucionalidad corrompida, que ha permitido todo tipo de atentados contra uno de los pocos recursos naturales que les queda a los bogotanos. Los responsables de la protección del entorno natural tenemos que promover hábitos que generen mejores condiciones ambientales, pues nada justifica el aumento de los índices de contaminación; uno de los reflejos invisibles de este problema reside en las paredes de nuestras edificaciones, horadadas por la acción del azufre que pulula en la atmósfera y que con la acción del agua producen las ácidas lluvias de esta ciudad. Lo peor, es que pese a todo, seguimos acostumbrados al humeante cóctel aportado por los automotores y las chimeneas de las fábricas que resaltan el grisáceo cielo capitalino y tiñen los rostros, pulmones y conciencias de sus habitantes; de todos aquellos que somos parte de este paisaje variopinto. Desde este editorial pensamos que los cambios impuestos al entorno de esta urbe deben incidir en un cambio del carácter de los habitantes hacia la ciudad y sus gobernantes. La nevera, La Atenas suramericana, la que está a 2640 metros más cerca de las estrellas, la ciudad “sin indiferencia”; el espacio que habitamos, es el mismo que cambia ferozmente; atravesado por un demonio rojo, por las hordas de desplazados de la violencia, por los vientos excluyentes y silenciosos del progreso mediático. Sin embargo, esos siniestros señores que manejan los factores reales del poder centralizado, siguen direccionando las encuestas, manejando los medios, dirigiendo desde sus afincadas poltronas el terrorismo de estado, desarticulando por falta de planeación los proyectos culturales y ambientales, dejando una población golpeada y relegada con el vaivén de estas decisiones a la reducción de oportunidades para una vida más digna.

Hoy día, el desarrollo de diversos eventos culturales hacen de Bogotá parte de la cultura hemisférica con el flamante titulo de Capital Mundial de Libro, una ciudad que abre paso al espectador caminante, con eventos, palabras y personajes conocidos hasta hoy por las reseñas “culturales” de medios que circulan en el mismo cauce de lo políticamente correcto. Uno de los puntos que impulsó esta mención son las bibliotecas públicas que han servido para el fomento de lecturas permitidas dentro de un mismo cause, lo permitido. Igualmente es la sede de festivales musicales, entre los cuales está Rock al Parque, uno de los eventos gratuitos más importantes de Latinoamérica, donde la mayoría de los asistentes son parte de las jóvenes tribus urbanas, que deambulan por las calles buscando la identidad que les niega una sociedad restrictiva, pues nuestras trastornadas realidades nos devuelven al tercer mundo con facilidad; cada día es un nuevo comienzo para los miles de viajeros recurrentes que merodean de una calle a otra, llevando en vida el peso de sus nostálgicas remembranzas y, en medio de su huída, guardando el ánimo y la esperanza de que esta nueva oportunidad sea incluyente para todos y no sólo para quienes tienen acceso a todos los espectáculos de una ciudad cosmopolita, que cierra el ámbito de participación que el renacer cultural genera. Al parecer hay algo que no cambia, estamos viviendo en la misma ciudad relatada por De Greiff; y los testimonios literarios, son un reflejo de ello, R. H. Moreno Duran relató el paisaje dantesco de una ciudad descomunal que se abría pasó en los años ochentas “Un laberinto de ejecutivos y busetas embarcados en la guerra del centavo, pitos y madrazos, gamines y desechables de todas las marcas y tamaños.” Antonio Caballero en su novela Sin Remedio nos da un relato parecido del paisaje capitalino “Una tristeza sórdida de buses y busetas, de semáforos muertos, de edificios a medio construir en medio de charcos amarillos, de parques de los que se han robado los columpios, de vacas pensativas, que pastan al pie de las estatuas de los próceres, de basurales, de desempleados, de niños vestidos con uniforme militar.”

Para nosotros estos relatos no son falsas metáforas, ni calificativos superfluos para reafirmar una identidad negativa de este territorio del que se han apropiado más de siete millones de habitantes con sus historias de vida y en el cual hemos circulado el último año buscando respuestas, mirando desde esta ventana la situación de una ciudad que cambia a la fuerza sin que hayan preguntas, sin que se cierren las heridas que aún sangran, sin que se remueva la estática espiritualidad de sus habitantes. Hoy luego de un año de circulación de este proyecto, nos cuestionamos sobre el destino de la ciudad; hoy día cuando hay una requisa policial cada media cuadra, cuando el fuego y los megaproyectos comerciales inexplicablemente consumen la poca naturaleza que nos queda, cuando se buscan aparentes soluciones en un enrarecido ambiente de hostilidad política, de un territorio disputado por vencejos y políticos que además de las arcas públicas, han robado espontaneidad a la ciudad y la dignidad de su gente. Este quinto número es el del aniversario y está dedicado a Bogotá, ciudad donde estamos forjando un espacio para el desarrollo de un pensamiento crítico que aporte alternativas reales de cultura cercanas a la gente. La idea central que hemos perseguido es contribuir con una forma descentralizada de conocimiento desde distintos ámbitos culturales como la literatura, la filosofía, el cine, el arte, la música, la política, y la que el lector considere prudente. Esperamos acertar con los temas tratados en esta publicación y que se apropien de las herramientas críticas que les ofrecemos enviándonos sus colaboraciones, sugiriendo temas, brindándonos su opinión respecto de lo que se publica y dando vida a la circulación disímil de la información cultural, pues seguimos con el compromiso crítico que adquirimos con el público al que está dirigido este medio.

El correo periférico.

Hace tiempo quería escribirles un correo para felicitarlos por La Periferia porque siento algo muy fuerte cuando los leo y esa fuerza es la misma que siento cuando camino las calles, fumo un cigarrillo o fornico con alguien, recuerdo el momento sincrónico en que Uds. entrevistaron a Gustavo y también el instante previo en que él me pasó un número -tal vez el cero o el uno, ya prefiero olvidar la numeración- para que lo leyera cosa que hice tiempo después, cuando llegó alguna nota a esta casilla de correo electrónico y pensé que era alguien; pero me equivoqué por segundos cuando leí un texto de María Gaitán en una noche de lluvia y de ópera y pensé para mis adentros les escribiré para proponerles que distribuyan La Periferia en las salas de cines y, a cuantos marginales encuentren en ella una lectura en cualquier tarde que defina sus vidas. Eso quería escribirles y pensar que demoré tanto en hacerlo.

Jonás Vergara

Poesía.

*Inédita.

Alter ego

Estoy en cualquier lugar

del otro lado

en todo lo confuso e inconcluso de la vida

en un mundo fragmentado

donde soy toda cohesión,

una crisis,

un torrente de malestares

y con navaja en mano corto las palabras

deshago los sueños y los deseos

aún no has visto nada.

¿Lo ves? el mundo soy yo,

soy lo que no alcanzo a comprender

¿de cuándo acá me conoces?

yo tejo mis muros desde adentro

y me sitúo en línea infranqueable

inconmensurable

lejos de todo lo que puedas imaginar.

Pero no me juzgues

tú también eres así

y hasta puedes reemplazarme

*

Voy a entrar en tu juego macabro

en tu mundo de inocentes sonrisas

y raudos demonios

Entraré porque puedes matarme,

confundirme en tu noche,

saciarme en mi cansancio

Pero tengo que reconocer

que he nacido para la soledad.

Para vivir en las esquinas mi dolor,

lejos de tu amor borrascoso y violento.

No es que esté renunciando, si así parece

ésta es sólo la confusión de un hombre agotado

que ha arrancado de sus llagas los ojos al futuro

y ha sepultado bajo la sombra del vacio

la hórrida esperanza. Medardo del Monte

Vaivén

Te he visto por ahí.

Me han cautivado tus ojos

porque son grandes, serenos y profundos.

Y tus labios frescos,

como alborada campesina,

me recuerdan que aún estoy vivo

en medio de una decadencia

que insiste en lo contrario. Javier Garzón

*Rescatada

El súbito rival del sueño no es otro, me parece que la muerte. Varias veces nos hemos preguntado, en la vigilia, qué hará el sobreviviente el día en que uno de nosotros fallezca. Tal interrogante es una llaga en pleno espíritu”. El pasado 3 de octubre Germán Espinosa quizás encontró una respuesta a un sórdido interrogante, casualmente un día antes de su despedida final, se cumplían dos años de separación de su querida Josefina; este evento da un místico reflejo al inapelable transito de la vida, convertido en suceso literario. Germán Espinosa vivió gran parte de su vida en Bogotá, aquí en 1965, conoció a Josefina en El Automático, lugar donde también conoció a uno de sus demonios tutelares León de Greiff. Esta ciudad fue el espacio imaginario donde un poeta místico carga en su conciencia “la muerte de un coronel en un lejano amanecer, en las faldas de Monserrate.” En vida este poeta, ostentó muchos títulos honorarios, escribió más de cuarenta libros entre los que se destacan; los Cortejos del Diablo (1970) La Tejedora de Coronas (1982). El 30 de abril de 1938 nace en Cartagena, la misma ciudad de la ilustrada Genoveva Alcocer. Un día sin fecha fijada en nuestra mente, este escritor cartagenero escribe estos versos a la ciudad que algún día lo acogió.

Bogotá

QUE EXTRAVAGANTE amor que sentía

por ti, ciudad amortajada de encanto,

cuando en noches de culpa y de quebranto

la embriaguez de tus sombras me envolvía.

Qué amor irreflexivo el que pagaba

siempre con desamor tu augural cielo

cuando, al fingir acariciarme, el hielo

de tus albas llorosas me golpeaba.

Mientras yo, pudibundo adolescente,

solemnizaba con absortos ojos

el oro capilar que de tus rojos

crepúsculos fluía lentamente.

Después, dando una tregua a tu perfidia,

compadecida de mi afecto triste,

tu misma mi pasmada mente abriste

a tus transfondos de brumosa insidia.

Te vi en tu obscena, ahora

más diáfana en la oscura servidumbre

de tus pecados, que en la falsa lumbre

que en otros tiempos me arrojó tu aurora.

Y llegué a odiarte y a sentirte aciaga

y árida como cráter de luna,

moneda equinoccial que la fortuna

puso al revés y que la muerte estraga.

Llegué a serte mudable, a serte falso,

a conducirme como forastero,

y sólo hallaba, en tu feral vivero,

desolación, como el pie de un cadalso,

Y soñaba ciudades que dejaran

en la sombra tu nombre; laberintos

de cristal con ábsides y plintos

y jardines y luces te cegaran.

Más hoy, cuando en los vértigos del mundo

otros soles me han herido;

cuando en junglas y en guerras me he perdido

y hecho más problemático y profundo.

Cuando mi asombro a cada hurtada senda,

a cada río que apremiante corre,

a cada ,minarete, a cada torre

de orbes

y de urbes inmoló su ofrenda.

Hoy, cuando ya te miro sin deseo

y cuando, al lampo de la luna agreste,

sombra agreste,

sombra y luz contrastadas en tu veste

de cortesana deslucida veo.

Cuando insinuante me hablas al oído,

pero de ti ya poco o nada espero,

hoy, mi ciudad, harapo astral, te quiero

con otro amor, que es compasión y olvido. Germán Espinosa

Écheme un cuento

Luís Fayad (1945) es uno de lo pocos escritores colombianos que aborda desde otras perspectivas la narrativa; en el imaginario cotidiano de una ciudad reposan gran parte de sus escritos, sus personajes están rondados por un aire incierto, deambulan por ahí sin intermediarios intelectuales y piden a gritos ser representados espontáneamente por una pluma que les dé vida. “Bogotá es una ciudad que no ha sido contada, que apenas empieza a ser imaginada”, esta ciudad que reposa en el espíritu de su gente es representada en los escritos de este autor bogotano, Los sonidos del fuego (1968) y Olor de lluvia (1974) y Los parientes de Esther (1978) hacen parte de sus obras más representativas y de la inacabada ficción de una ciudad por escribirse.

Mensaje De Medianoche

Desde hacía un mes la rata rondaba todas las noches por el apartamento. Leoncio la oía, dueña del lugar, y había ensayado deshacerse de ella instalando trampas y rociando veneno por el piso. También en vano obstruyó los agujeros de los rincones y se paró amenazante con una escoba detrás de las puertas. Al cabo del mes Leoncio se notó a sí mismo con el carácter cambiado, y escribió una nota: «Por favor, déjeme tranquilo». La colocó en el piso de la cocina y se acostó confiado, pero lo único que varió durante la noche fue el pasearse impaciente de la rata, y a la mañana siguiente, cuando leyó de nuevo la nota, Leoncio tuvo la impresión de que iba dirigida a él.

Reencuentro Con Una Mujer

La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él la siguió. Fue tras ella a corta pero discreta distancia, y luego de alejarse a un lugar solitario la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.

-Todo fue un sueño –le dijo-. En un sueño nada tiene importancia.

La mujer no bajó la pistola.

–Depende de quién sueñe. Luís Fayad

Cuentos tomados de: http://cuentobreve.blogspot.com

La carta

2/09/07

Utilizo estas palabras para decirte: ya no más. No hay confusión alguna con respecto a lo que siento, ni de lo que quiero contigo, ni de aquello que espero de ti. Pero esto apenas es la frontera interna de la realidad. Tú no das pruebas de supervivencia a mi corazón viajero; si eras un camino o si había un camino a tu casa, mi corazón viajero se ha perdido en semejante viaje.

Cuando digo ya no más, entonces recojo fuerzas, fuerzas para cuestionarte y preguntarte qué tienes planeado, qué has pensado, qué haces ahora, qué vienes pensando y cómo voy yo ahí. ¿Qué vas a hacer en últimas conmigo? ¿Qué pretendes? ¿Acaso quieres ver hasta dónde llega este personaje? Pero es que no me has dado un papel verdadero, inclusive quieres que tome decisiones pero no me das algo sobre lo cual decidirme.

¿Qué palabras tienes para mí? Ahora te preocupa que todos crean que me das órdenes, cuando ellos no necesitan creer nada. ¿Crees tú que me das órdenes-crees tú que me siento obedeciéndote? Esta hoja es testigo de que sólo tengo preguntas. Por ejemplo, tu comportamiento reciente, tan extraño, tan sospechosamente parecido al pasado, me deja en la cercanía de la pregunta por lo que está pasando contigo. Si pudiera abrir tu alma como quien abre un libro y revisarlo, lo haría; pero noto que es un libro perdido o un libro al que no tengo acceso.

¿Cuáles son las reglas de este juego que has venido jugando? ¿Quiero saber qué vas a hacer? Estas dos preguntas son una sola. Tengo que averiguar primero si el juego sólo ha existido para mí, por eso te pregunto ahora si no te has dado cuenta de lo importante que se fue volviendo tu existencia para mí, del hecho de que comprendas, que me has atravesado entendiendo atravesar como el mar atraviesa a los marineros o como el tren al maquinista. ¿Cuánto de la vida del marinero es el mar? ¿Cuánta pretensión hay en estas palabras cuando te digo que es la misma proporción?

No sé si puedas imaginar qué siente un marinero antes de ser marinero frente al mar y frente al hecho de serlo. Si logras entender ese tipo de deseo, de introducir al océano en el alma y en el cuerpo, entonces entiendes cómo es la realidad de este lado. Si no es un juego cómo explicarías la falta de seriedad de los asuntos que preceden a esta hoja. Digo fin del juego. Pero cuando se finaliza el juego entonces hay un perdedor y no eres tú. Hay un papel que se termina, un guión imposible de seguir: Esta realidad. Sergio Benítez

Cuento

* Yo no sé que habrá hecho usted para merecer esto, pero de seguro su pecado no ha de ser mayor que este que voy a cometer. Yo lo he visto muchas veces en la televisión, arrugando su frente y diciendo cosas con afán y sin entusiasmo, siempre parece estar molesto siempre arrugando la frente, me pregunto si su cadáver tendrá ese tizne de mal genio que usted siempre lleva, ya ve que ni siquiera ahora que usted duerme al sol en esa mecedora tan bonita lo deja ese malestar en el gesto, me imagino que debe tener muchas preocupaciones, pero le tengo buenas noticias; sus preocupaciones en este mundo hoy terminan. Alguien de quien no conozco el rostro ni el nombre ha decidido su muerte, y estoy aquí para ser, como dicen en las noticias, el autor material del funesto. He estado vigilando desde este matorral una hora de su sueño, ví a sus hijas salir de la casa y montarse al auto que las llevará al pueblo, detrás de ellas iban dos escoltas en un campero, y mire usted las casualidades, uno de esos tipos vive en mi barrio allá en la ciudad. Ví también a su mujer que salió y se sentó a su lado a fumarse un cigarrillo y que luego volvió a entrar cargando una taza que usted había dejado al lado de la puerta, ví su incomodidad por el calor y los mosquitos, vi luego a los vigilantes hacer sus rondas repetidas y rutinarias, nunca miran nada, sólo pasan sin enterarse. Nadie podrá salvarlo, todo está calculado para que después de la siguiente ronda, yo salga de mi escondite y me acerque a usted para dispararle, el escolta, que se quedó y que ahora parece leer la prensa bajo un árbol correrá hasta donde usted se encuentra, aterrado por el sonido de los disparos, luego llegarán los vigilantes para verle la cara muerta, intentarán buscar al agresor, pero muy pronto se darán cuenta de que es inútil, dada la vegetación de los alrededores. Su mujer gritará desolada e invocará a Dios, que de seguro estará encargado de supervisar el éxito de mi fuga, mañana en la prensa contarán el magnicidio, siempre me ha causado gracia esa palabra, para mi todas las muertes son importantes, siempre allí se termina una vida, pero para los que cuentan estas cosas hay diferencia entre el asesinato de un hombre común y el de un hombre importante, qué clasificación más innecesaria. Creo que podemos dejarnos ya de palabras, los vigilantes están pasando la última ronda de la tarde, y usted se ha quedado solo, se podría decir que más que solo, puesto que tiene los ojos cerrados y no posee siquiera el cielo ni las cosas que lo rodean. No se preocupe que no lo despertaré, soy todo un profesional y el objetivo no es que usted se angustie, el objetivo es que usted se muera, por eso le daré tres tiros en la cabeza que no lo dejen ni mover los párpados, mi puntería es incuestionable y además desde la distancia que he planeado dispararle no podría desviar ni un solo tiro, no quedará por lo tanto agonizando ni viendo el sufrimiento de los suyos. Quisiera ofrecerle una última oportunidad como hacen en algunas historias, pero no puedo darme ese lujo, si llegara a fallar a mi no me darán otra oportunidad y mi familia entonces podría verse en problemas. No crea que no me da miedo matarlo, este momento de acercarse en silencio al objetivo es el que más me aterra, luego pienso a la cuenta de tres y ya, me tranquilizo, porque para matar, usted no crea, hay que estar bien concentrado. Edgar Suárez

Sala de ensayos

El paisaje físico de esta ciudad es parte de las historias que circunscriben el enrarecido ambiente espiritual de los capitalinos. El cementerio central y la plaza de las nieves guardan miedos objetivados, suspiros intermitentes y el largo monólogo de los habitantes de las grandes ciudades. Eduardo Rincón Y María Gaitán nos cuentan dos relatos urbanos, mitos de ciudad, que reposan en el imaginario colectivo; historias que ya han sido contadas y, por ello, han echado raíces en la memoria de un pueblo.

Cementerio Central: Sobre anónimos y santos

“La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene” Jorge Luís Borges

Expectamus resurrectionem mortuorum reza la leyenda del Cementerio Central de Bogotá inaugurado por un intrigante ángel mortuorio que en tónica aburrida espera apoyado sobre el reloj de arena la entrada de sus interminables visitantes, los que vamos de a pie, y los que ya encontraron un lugar en su intrincado laberinto.

Esta sala de espera le abre sus puertas a los transeúntes que desprevenidamente deambulan por la calle 26 y que miran, con cierta reverencia, el histórico lugar que, sin embargo, permanece desconocido para muchos. Algunos no sabrán que allí yacen los restos de Francisco de Paula Santander, de los expresidentes Marco Fidel Suárez, Virgilio Barco y Enrique Olaya, del inmolado Luís Carlos Galán, o del “caudillo del pueblo” Gustavo Rojas Pinilla; y menos aún se esperan, que allí descansen los cuerpos de los dirigentes de izquierda; Manuel Cepeda, Francisco Mosquera y Jaime Pardo Leal. Si nos diéramos cuenta de ello sabríamos que allí confluyen todas las tendencias e ideologías políticas que nunca imaginamos se pudieran sentar una al lado de la otra a “descansar”, aunque en sí misma la palabra encierre la ironía a la que hacemos referencia.

El lugar, construido en 1830, conserva en su centro una elipse magistralmente pincelada que ampara, bajo sus cuidados, los cadáveres de los más ilustres colombianos y extranjeros que hicieron eco en distintos escenarios de la historia colombiana, y se ve rodeado en su periferia por las tumbas, osarios y “huecos” de los colombianos comunes, de los anónimos por los que se pagan misas celebradas por pantomimas de sacerdotes, recuerdos fúnebres ambientados, a falta de plañideras, por mariachis trasnochados y tríos de ciegos que al son de un envejecido acordeón, un destemplado violín y una oxidada trompeta, intensifican la melancolía y tristeza por la ausencia del ser querido al que se sigue llorando y rezando.

Pero no sólo estos anónimos son recordados por los más humildes, también en la elipse una tumba sobresale por encima de las enmohecidas y descuidadas lápidas y mausoleos de aquellos, otrora, grandes personajes y que hoy sólo son parte de un paisaje turístico por el que nadie paga misas ni llora. Es la tumba de Leo Siegfried Kopp, alemán fundador de Bavaria y que se ha convertido una figura de culto y romería popular. “Él fue un hombre muy filántropo”, dice don Luís Carlos, quien acaba de hablarle al oído a la estatua de Leo Kopp, figura esculpida en bronce con una postura que rememora inevitablemente el pensador de Rodin. “Tengo 65 años y ya me pensioné de la empresa que el patrón fundó hace más de 115 años, y eso sí vengo todos los lunes a traerle sus clavelitos y a brillarlo con cuidadito pa’ agradecerle todos los favorcitos que me ha hecho y los que está por hacerme”

Así como don Luís Carlos son muchos los peregrinos que acuden a una cita semanal para ofrecerle flores al ‘santo’, brillar su estatua y aprovechar para pedirle unas cuantas cositas al oído. “Hace ya cuatro años le pedí al patrón que me sanara de un cáncer en el hígado, y él me concedió el favorcito, por eso vengo todos los lunes para pagarle la deuda” continúa relatando don Luís quien acusa jocosamente, sin embargo, que fue por la misma cerveza del patrón que terminó en esas, “pero unas por otras” acota don Luís, quien se acerca nuevamente a la estatua para brillar sus pies.

En medio de aquella figura imponente, que se alza destellante sobre los pálidos colores circundantes, retumba el sonido, en ocasiones tenebroso, de las palomas que acarician los monumentos con sus desechos, y se extiende por la atmósfera el frío propio de los muertos cual si un helado infierno dantesco estuviese en este punto más cerca de nosotros, sin olvidar las consignas reivindicantes de aquellos protestarios que reclaman la justicia de sus muertos de izquierda y que adornan el paisaje con fosforescentes grafittis que le dan cierto aire urbano a la rígida estructura de cemento.

El recorrido laberíntico se bifurca cada tanto para dar paso a más ilustres personajes que, también en su lecho de muerte, ostentan la riqueza y lujo que gozaron en vida: mausoleos de mármol y vitrales europeos, bustos deslumbrantes y lápidas onerosas que rememoran la vanidad y el orgullo patético de ver su propia lapida, desde un paraje desconocido, solitaria y sin dolientes. Y aunque la tumba de Kopp no trae dolientes, pues nadie va a llorarlo, si goza de asiduas peregrinaciones que engalanan al alemán filántropo que siempre atendía las peticiones de sus empleados.

Y así se complementan la elipse y su periferia, el pabellón de los ilustres y de los anónimos que conviven bajo la misma tierra inanimada, donde se extienden los cuerpos sin distinciones. Los anónimos y los santos hacedores de milagros que allí reposan se habrán encontrado en algún momento de la historia; tal vez victima y victimario sean vecinos de tumba; seguramente muchos están allí gracias al negocio de Leo Kopp; probablemente algunos padecieron la violencia política propiciada por los “padres de la patria” que allí se encuentran, pero al fin y al cabo se encuentran con la irónica coincidencia de que no son nada más que recuerdos y sollozos. Tal vez los anónimos sean más importantes donde quiera que estén, sus familias les hacen ser para ellos santos y personajes ilustres, mientras los grandes personajes pasarán a ser olvidos amargos.

Sólo Leo Kopp conserva esa aura del recuerdo, haciendo que esa estatua reviva por un momento en forma de milagro y felicidad, “hace 4 meses me echaron de la fábrica” dice don Luis, “los nuevos jefes redujeron personal, pero no importa, yo sigo trabajando con el verdadero patrón, y yo creo que aquí ya me pensiono con él” ¿Será que ahora que Bavaria es de una multinacional el Santo hacedor de favores sigue prestando sus servicios a estos pobres tercermundistas o será que también se vendieron las intercesiones?

Eduardo Rincón Higuera

El miedo y la sombrilla negra.

El simple suspiro de dos enamorados y el humo del cigarrillo que acompaña a los emboladores de la Plaza de las Nieves, se enturbia en remolinos que van a parar al rostro de algún transeúnte desprevenido. Bajo alguno de los nueve parasoles de esta tarde lluviosa se encuentra un hombre maduro lustrándole los zapatos a su cliente de siempre, se advierte ello por el cruce de sus miradas y la confianza al hablarse, no propia de un bogotano en una primera conversación. Hacia el centro de aquel lugar se encuentra un prócer de mármol, prócer que en otras épocas fue llamado Francisco José de Caldas ¿han visto una plaza en cualquier parte de la capital que no tenga un monumento con el rostro ya desdibujado de algún héroe nacional, a quien sus enemigos repudiaran más que las palomas? Las nubes grises persiguen a los pintores en su improvisado salón de pinturas, ¿Qué pintor si no el bogotano goza de la lluvia en su propio estudio de arte? ¿El parisino? Aquí es cuando sospecho que Bogotá es la ciudad rompecabezas del mundo, cada una de sus piezas es un poco de todo, desde los escabrosos callejones del Bronx, hasta la magnificencia de la plaza de toros se percibe el ambiente cosmopolita, y en los días lluviosos me atrevo a decir que sólo faltan las Góndolas y los barqueros venecianos.

En la Plaza de las Nieves la rutina no existe, es un espacio sin tiempo, como también lo advierte el reloj que está ubicado en una de las torrecillas de la iglesia. Han transcurrido diez minutos y el minutero que actúa como segundero ya ha recorrido más de media hora, ¿Será este movimiento ilusión óptica o será parte de alguna leyenda urbana? Todo bogotano sabe por lo menos una leyenda urbana salida de conversaciones de cafés o simplemente de un suceso que alguien consideró importante alguna vez, y luego narró con exageración a sus congéneres, porque esa es una característica importante que poseen los capitalinos: la exageración, que mezclada con la imaginación y el delirio de persecución de los habitantes y transeúntes del centro llega a convertirse en la causa de toda clase de mitos; como consecuencia de ello la iglesia de las Nieves también posee su cuota de animadversión, digo animadversión por que los mitos bogotanos llegan a convertirse en miedos objetivados. Dicen algunos que el Jesús crucificado, que se esconde en uno de esos nichos, donde suelen reposar los santos, se la pasa mirando a los ojos de cuanto visitante repara en él, dicen que los observa sigilosamente hasta donde alcanza su ángulo de visión, aunque de allí también podría derivarse la extraña relación que el bogotano en otros tiempos cachaco, guarda con la religión y con todo tipo de credos.

Recuerdo que algunas veces en esta plaza, los fines de semana, se reunían los Hare Krishna a cantar y bailar entre sus túnicas terracota y sus estolas color púrpura; danzaban sobre sus sandalias al son de las panderetas y algunos cascabeles mientras la multitud ávida de comprar trastes y antigüedades se divertía preguntando precios, otros salían de misa y miraban extrañados a esa especie de calvos marcianos salidos de alguna película oriental.

En esta plaza poblada más por palomas que por seres humanos, hay alguien más: entre las 18 cabinas telefónicas de tarjeta implantadas hace poco por la ETB, el almacén de fotografía, las cuatro o cinco tiendas que aún conservan los espejos en su decorado y las sillas de metal oxidado con plástico naranja, unos cuantos árboles, la iglesia a rayas gris con rosado que alquiló una de sus naves para vender pollo asado y la sofisticada librería de la Universidad Nacional, se encuentra un hombre viejo, aún de chaleco con corbata, está sacando una sombrilla dañada de una de esas canecas plateadas de agujeros, (muy mínimal diría un crítico de arte) la sombrilla negra muy bogotana por cierto, tiene una de sus varillas dañadas y lo que hace este hombre es quitarle el poco plástico que le queda y guardar las varillas en un maletín de ejecutivo. ¿Por qué un hombre actúa de esta manera? Quizá la melancolía de otros días más fríos corrompe las actitudes de los viejos capitalinos y aún siguen actuando como en otras épocas en las que aún funcionaba el ferrocarril. El centro ya no está en las manos de los hombres de chaleco con corbatín, pudientes de otras épocas, ahora el centro pertenece a la bohemia, a los alternativos, al artesano y al loco, al bogotano cosmopolita de sandalias y gorras con letreros de “I love N.Y”.

¿Por qué un hombre maduro, desgastado, de mirada perniciosa con pupilas dilatadas y brazos que parecen no haber probado un bocado de comida en semanas, les lleva una olla de sobrados de restaurante a los perros? Esta pregunta es totalmente válida tanto para un extranjero como para el mismo bogotano, pero la respuesta no es sino una característica que desarrollan la mayoría de los habitantes del centro: el miedo a la soledad; un bogotano puede tenerle miedo a la muerte, o al atraco en la esquina o al del Transmilenio, pero si hay algo que en realidad lo aterroriza es estar solo, porque necesita la multitud. Las fiestas, celebraciones, eventos no son más que la excusa para sentirse rodeado de sus semejantes, cuando esto no sucede el perro se convierte en su mejor amigo; no sólo el hombre que duerme en la silla deja de comer para alimentar a su compañero fiel, también el hombre que habita un lujoso apartamento lo hace. Esta soledad apabullante también explica el por qué de tantos bares y cafetines de todo tipo en la ciudad.

Si los hombres son extraños, los niños son aún más raros. Los niños en el centro son como las hojas bailando sin rumbo sobre un estanque. Así es en la plaza de las Nieves, si algunos llegan a aparecer, su cara se desdibuja entre el polvo y el carbón, sus rostros no son angelicales ni conmovedores, sus rostros son de adultos calculadores en cuerpos pequeños, como los de los enanos de los circos. También como los enanos juegan a la pelota y algunos hacen malabares, me pregunto, si los niños son el futuro ¿los niños del centro que clase de futuro son? ¿Uno pintoresco, oscuro o poblado de zombis cuyas neuronas ya fueron absorbidas por todo tipo de alucinógenos?

En el centro cualquier cosa que pudiese ser normal en cualquier hora del día, pasa a ser anormal a cualquier hora de la noche, porque el centro se desdobla, a veces puede presentarse como un Dr Jekill y su Mr Hyde; durante el día puede parecer voluptuoso en su arquitectura, pero al atardecer, cuando ya se percibe el sol de venados, la ciudad se convierte en la capital de los muertos vivientes. Hombres y mujeres salen de los suburbios, de las sombras en los muros; con ropas ajadas y oscuras, ojos hundidos, cabellos que parecen las raíces de los árboles, rostros sucios salidos de entre la tierra y dientes que se asemejan a pequeñas piedrecillas insertadas a la fuerza en sus encías, es el crepúsculo, no sólo de sus vidas, también lo es de una ciudad que poco a poco desaparece no por la acción de la luz del sol, si no por las luces de neón y los tecnológicos bombillos intermitentes que dejan a su paso la sombra de la pobreza. ¿Para qué? para que mañana amanezca de nuevo y veamos el amanecer, la aurora de la gris tristeza capitalina que todavía puede considerarse bella, pues si de impresionismo se trata, que hagan un retrato de la plaza de las nieves y que allí dibujen el simple suspiro de dos enamorados y el humo del cigarrillo jugando con el viento. María Gaitán

En un país como el nuestro, todo aquel que disienta es enemigo de los dueños del poder. La cultura debe jugar un papel esclarecedor, debe ser el principal elemento de crítica en contra de los reiterados abusos de autoridad que apuntan a desarticular los tejidos esenciales de la sociedad. La búsqueda de un movimiento que confluya hacia las mismas miras es una necesidad inminente, cómo lo son las búsquedas concertadas hacia la paz y un verdadero ajuste de cuentas contra los criminales de la motosierra y los señores de cuello blanco que los apoyan.

Y para qué un Movimiento Cultural

Si la cultura es en sí misma movimiento ¿Qué es lo que hace que en algunos momentos se hable en términos específicos de Movimiento Cultural? Las corrientes críticas y de la creación surgen de contingencias singulares, muchas veces acompañadas de grandes transformaciones sociales, o de revoluciones técnicas y científicas, y cuando no, entonces preceden y crean el espacio propicio para estas transformaciones. Hoy en Colombia se vuelve a hablar, después de un largo silencio frente al tema, de movimiento cultural, y en realidad hay algunos signos que pueden dar cuenta de la presencia del fenómeno, entre ellos el resurgimiento de movimientos estudiantiles impulsados por las generaciones más jóvenes de estudiantes. Pero existen también corrientes expresivas que se manifiestan a través de diversos medios impresos, audiovisuales y sonoros. Desde luego no me refiero a la expansión del mercado en el ámbito de la cultura, sino a todas las corrientes que surgen desde los distintos escenarios de la vida colombiana y que tienden a constituir una vertiente de la cultura más allá de los mass media y el mercado, o precisamente como respuesta a la apabullante incidencia y control social de esos medios que hacen parte de la estructura del sistema. Las corrientes que surgen son precisamente corrientes antisistémicas, y el naciente movimiento cultural fluye entre los intersticios de nuestra vida de manera desarticulada, pero con intereses y necesidades comunes; el sentido de la creación que acompaña una preocupación social, es precisamente otro elemento característico de los movimientos culturales.

Las fuerzas de la articulación

El significado de un movimiento cultural en un contexto como el colombiano es impredecible, pero es también una respuesta al corto alcance -en términos de necesidad de cambio- de las vanguardias, o mejor, del aparato político. La necesidad de condensar una voluntad, de constituir y articular una fuerza en un movimiento de artistas e intelectuales, como el que se ha propuesto desde la iniciativa de los poetas en Medellín, es también una iniciativa que deja entrever la intuición de un proceso en curso y conformación.

Pero antes hay que decir que los movimientos culturales están en parte determinados por las propias contingencias, y sobre todo por la necesidad de cambio y transformación de la realidad: cultura siempre es movimiento. Pero el caso singular del movimiento que surge es su levantamiento desde la profunda ceniza del holocausto colombiano. Al filón de la muerte que alimenta el poder, los intelectuales y artistas responden desde una iniciativa vitalista de la política que consiste en trabajar con sentido generativo, desde las ruinas del fracaso del Estado Nación en Colombia.

Un movimiento cultural, como todo movimiento social, incluso físico, supone una transformación, un cambio en la cualidad. Lo cualitativo en los movimientos culturales no es una suma de cantidades y filias sino todo lo contrario: una transformación de la materia, de la masa crítica. Entonces la acción cultural supone asimismo una energía que actúa en el sentido de esa transformación, es un movimiento, un sismo de la cultura. ¿Qué es lo que hace que una cultura circule en sentido evolutivo? El conflicto y sus componentes son el primer elemento activador, pero el segundo elemento, y sin el cual el primero sólo sería un componente inerte, es la conciencia; la conciencia es en sí misma búsqueda de sentido.

La conciencia agredida

El movimiento del mercado como estrategia de expansión busca distraer la conciencia a través de estrategias diversas. Una de sus estrategias es la insistencia en la tergiversación de la realidad, no sólo a través del tinglado mediático, esto no es suficiente para el mercado, su movimiento compulsivo busca también atiborrar la conciencia de la inteligencia y sus trabajadores que son los artistas, escritores, periodistas y pensadores. Sus fuerzas y movimientos reaccionarios actúan a través de los mismos intelectuales y a través de herramientas que reproducen en ellas el estado febril que obnubila y refunde en un ensueño de bienestar individual el estado de vigilia del mundo, sus herramientas son formas vivas: bacterias consumistas, virus que desarreglan el sistema inmunológico propio, palabras que vulneran el lenguaje. Y otras, las más de las veces: la comodidad, el dinero, la corrupción. Y estos componentes actúan como elemento inoculador que localiza el cuerpo expresivo y lo invade, una muestra de ello son las columnas de los escritores que les sirven de estructura intelectual a la prensa oficial. Una prensa confesional que recurre a la coacción a través de sus columnistas y que demanda de manera agresiva la conversión de los díscolos señalándolos con el estigma, históricamente reincidente, del sedicioso, o de estar contagiado del espíritu sublevado. El horror al contagio resguarda a la inteligencia sistémica de perder sus defensas individuales y preserva sus privilegios que nunca van más allá de los pingues beneficios personales logrados a través de una escritura inane.

El sentido de un movimiento cultural encuentra su campo de proyección precisamente allí, en la ruptura del tabú, en el espacio de la comunicación, en medio del contrapunteo entre las fuerzas cuantitativas del mundo financiero que se expresa primero en codificaciones y termina componiendo cifras. Pero las fuerzas de cambio son siempre cualitativas, aunque procedan de acumulaciones como ocurre en la realidad colombiana: el conflicto de largo tiempo ha acumulado la suficiente energía para su propia auto incineración, la carnicería manifiesta es su cambio de cualidad, su camino regresivo y su descomposición y putrefacción última.

Las formas de expresión

No podría afirmar que en otros países ocurre lo que ocurre en Colombia, pero del país se pueden afirmar algunos signos, además de los que ya son un lugar común: el mercado como regulador del lenguaje y la gramática social. La sumisión retoma nuevas formas, tanto que la voz y la opinión individuales se ven asordinadas por el coro que pide el respeto a la institucionalidad y a la autoridad, paradójicamente en Colombia, en donde el poder se sustenta sobre la corrupción, y la autoridad y sobre el desmesurado componente de la fuerza física y criminal que hace parte de la misma descomposición institucional.

Las formas de expresión de buena parte de la intelectualidad colombiana surgen del ámbito totalitario de la corrupción. El movimiento cultural, de tendencia argumentativa y cuestionadora en este caso, no puede verse desde esa institucionalidad sino como amenaza y como “enemigo”, y cuando no, está el disfraz del colaboracionismo investido de “independencia” que pretende ubicarse en un inexistente centro, como el centro en la esfera de Pascal, que está en todas partes y en ninguna. No es posible la independencia en un medio dependiente, lo que sí es posible es la simulación crítica fungible como insumo de producción, o en el mejor de los casos de semental del aparato reproductivo de la cultura, hasta su involución o desaparición en los ciclos de un mercado que se inventan un escritor cada día, y cada día, convierten a otros en desaparecidos de las “fuerzas oscuras”, fuerzas que se presentan al asalto como tales sólo por la venda de la censura crítica. En estos tiempos la racionalidad instrumental de la industria cultural ha alcanzado el máximo de poderío que hace ver grisáceos el pensamiento y la reflexión, vagando en fantasmagorías, cubiertos por la bruma del éxito comercial, tanto mayor cuanto es más evidente la miseria de la creación. Álvaro Marín

Semblanza

En la presente edición les presentamos los apartes de una entrevista con la poeta Bogotana Juliana Gonzalez Borbon (1978); que en su carrera ya ha publicado dos libros: La guarida del tiempo (1998) y Alguien golpea (2006) y asoma una próxima publicación sobre investigación periodística. En la actualidad se desempeña como periodista y catedrática.

Tiempo de sanar.

La escritura es algo que hiere y cura.”Juan José Millas.

La literatura puede ser entendida como una lectura múltiple que hacemos de la vida, o como una manera de abordar nuestra existencia, apelando por la búsqueda de la armonía, de un centro telúrico, pues llega un momento donde hay que dejar atrás la nostalgia y mirar la vida de otra manera. El exacerbado lirismo que se confunde con ese río de sentimientos melancólicos, fluye todo el tiempo y sale a flote reviviendo en un sórdido grito poético. Pero el sosiego y la reflexión nos ayudan a resguardarnos con nuevas letras, convertidas en versos positivos, en exorcizadas composiciones literarias. En la poesía de Juliana Gonzalez, descubrimos que la vida es más que una fuente insaciable de penas, podemos cambiar de miras y hacer analogías que nos permitan discernir entre las cosas impares; ver el momento en que se entrecruzan los recuerdos en el presente, perdonar y olvidar, contemplar lo invisible.

El poeta se sumerge en un juego de espejos que es el mundo y vuelve a su vívida imagen en la conciencia para reconocer su reflejo en un espejo que no juzga, que no refleja el tedio; y se da cuenta que cada encuentro significa un nuevo enfrentamiento consigo mismo, con el pasado, intentando definir lo que se es, en el instante que fluye el verso como una existencia renovada: “Voy a cambiar de vida este noviembre/ Mañana despertaré el reloj con mi sirena / Y él, sin salida, advertirá su inicial letargo / Saldré a las calles con otro rostro / Y ya nadie podrá reconocerme / Saludaré a mi paso miradas, sonrisas y manos /Quizá guardadas en mi memoria / Pero ahora mis ojos las verán diferentes, serán como un mandala / Múltiples y en metamorfosis constante / Y ya nadie podrá reconocerme. ”Estos encuentros con nuestras raíces y sus formas míticas son aspectos definitorios de un estilo, que constituye al yo que habla al mundo desde la expresión misma de su vida. Pero hay que saber que la expresión poética no la determinan las formas sino el sentir del poeta, su metamorfosis interna: “Mi rostro será para unos el de un anciano /para otros el de una niña /y para algunos otros el de un gato / pero para ninguno, ni para mí misma /será el rostro conocido.”

Al hablar de sus influencias literarias, Juliana dice que Blanca Varela le ayudó a separar las sombras de su vida, que al leer el Canto a mi mismo de Walt Whitman, sintió una motivación muy grande, porque le reveló la posibilidad de conocer a un hombre feliz, que canta alegremente a los pensamientos descubiertos, un creador de mitos que evoca la naturaleza desde su elemento más pequeño hasta el gran universo rodeado de estrellas. También nos contó que cuando visitó la casa de Neruda en Valparaíso, descubrió la armonía del poeta con su entorno vital y este hallazgo, la acercó a potenciar el valor de la historia de nuestro continente, desde la reivindicación de lo mítico. “El tiempo que me he alejado de la escritura me he sentido desterrada, mi territorio es la poesía” en este espacio define al poeta como un chaman, ese ser capaz de canalizar las energías en pro del bien común y fraternizar con los demás, ese ser que se manifiesta en todos los seres de la naturaleza, en la metamorfosis de su espíritu; del yo subterráneo que posibilita una mirada distinta sobre las cosas, este desdoblamiento le permite ver claramente su casa y encontrar la esencia o su ser poético. Así, al habitar nuevamente su cuerpo lo descubre liberado de los rumores submarinos, de los fantasmas, de los impostores, de las sombras y de los escombros del pasado; cuando retoma el elemento mítico, encuentra el equilibrio con su entorno vital, que la lleva a anunciar con viva voz por medio de la poesía; que alguien golpea.

Esta escritora bogotana define que uno de sus propósitos vitales, es encontrar la raíz de los males por medio de la poesía, con el fin de sanar las deudas que tenemos con la madre tierra, en una carrera por recobrar la esperanza, tal y como lo expresa en un fragmento de su poema Eres; “Mi historia, / nuestra historia, /es un árbol chamánico sembrado en el infierno. / ¡Árbol bendecido/ cuya copa llega al cielo!/ en tu médula se expande/ la infancia fuego más puro/ la llave divina/ que nos enseñará/ a abrir y cerrar/ todas nuestras puertas” Los versos son lúcidos, tienen vida propia, su lenguaje es claro y hay la aspiración de totalizar las formas poéticas. José Martí definía la actividad del poeta a partir de la honradez en vuelo, de las visiones poéticas; por ello dijo que cada escritor asume la vida desde las posibilidades del lenguaje, creando figuras que perduran en la memoria de sus lectores, con el fin de remover las sombras, con cada verso. Este carácter está marcado en la poesía de esta autora bogotana; “Quizá estas páginas/ son el pasado que los actos impostores han/escrito por nosotros, /la piel ajena que nos han colocado/ a pesar nuestro, / los espasmos del hurto, /los pellejos de la usurpación.”

Más que todo, hay que pensar en la validez de la poesía en la vida cotidiana, no como un simulacro didáctico, sino como una posibilidad crítica de entender la realidad, más en países como el nuestro donde la gente, al igual que Sísifo empuja una carga que los aplasta. Es imposible vivir dejando de lado el horror del desangre centenario de una sociedad que se empecina en entorpecer el rumbo natural de un pueblo, desconociendo sus raíces culturales. A lo largo de la conversación, Juliana decía que el desinterés de los entes gubernamentales por resguardar los tejidos culturales de nuestra tradición indígena es un gran error y, que estos vínculos deben fortalecerse desde la confluencia del arte, la política y la literatura que permitan un desarrollo de la crítica en nuestra sociedad. Pero más que todo conversamos sobre el valor de la poesía en una sociedad sin memoria, que no se toma la molestia de mirar atrás, que no se preocupa por cerrar sus heridas.

Llegas Tierra

Hoy la tierra es quién humedece

la sangre seca de todas las puertas

que no crucé.

Yo estoy adentro de una habitación

tapizada de recuerdos.

En penumbras

mis manos recorren

las paredes frías

en busca de la madera,

del interruptor.

Se topan con imágenes inmortales

con tiempos detenidos

que los dedos presienten

pero no pueden ver.

Mis pies cansados

de tanto husmear caminos

de tanto comprimir el mundo

para llegar.

Cuando he dejado de esperarte

llegas tierra

brújula secreta y venturosa

tu regazo es el amparo de mis ausencias.

por la rendija inferior de la puerta

tú entras

envuelta en ola repentina

el suelo seco se rinde ante ti.

Las paredes se agrietan

con sus heridas mustias

con sus muecas extrañas

te enfrentan,

pero esta vez no voy a creerles

porque tú eres la tierra

la tierra ancha bajo mis pies.

Pongo mi oreja y las palmas de mis manos

sobre la cal

no quiero evadir más este clamor de cicatrices.

Ven

asciende

toca mi piel una vez más

que tu silencio evapore el mortal ruido

y desmorone la raíz de espinas;

crece

invade los muros y el techo

sin misericordia hazlos gemir

trepidar

hasta que lluevan lágrimas

de su cemento en ruinas

hasta que afloren

todas las fotografías

adhiriendo sus pétalos a mi desnudez.

El centro es uno

Una sola raíz al núcleo de tu corazón.

Un solo pájaro es la voz del alma.

Un solo cantar es eterno.

Si observas todas las raíces

el sendero se desdibuja

y aparece el laberinto, la trampa.

Si dejas volar todos los pájaros

sus alas en cruces se convierten.

Si el canto nace antes del tiempo

muere.

*Cine rotativo

La posibilidad de partir de cero, de entrever hacía dentro y ver desde la otra la orilla esta sociedad en que vivimos, es un tema explorado por Juan Fisher en buscando A Miguel. Revisar el entorno marginal de una ciudad que siempre esta dando nuevas historias es una revisión a la parte humana de una sociedad que niega los atisbos de defensa a sus ultrajes; miles de historias se entreveran y dan sitio a esta poderosa historia. Iván Darío Moreno reflexiona sobre el valor de este nuevo referente visual de una ciudad y de sus historias de vida.

De su suerte ignorante, de su muerte,

Y ahora, ya de cerca contemplados,

Ocasión de voraces negras aves.” Fernando Charry Lara

En el presente texto vamos a examinar una forma artística específica, el cine, y la connotación que tiene en el contexto bogotano. Así como también de la clara función que cumple como creación artística en la sociedad capitalina; hablaremos por lo tanto de la cinta del director Juan Fischer, Buscando a Miguel, una película que a pesar de las críticas, posee un carácter artístico nuevo y un mensaje sencillo que expresa el padecer de un grupo de ciudadanos, que aunque está latente en nuestra sociedad lo desconocemos.

Juan Fischer nace en Colombia, se educa en el exterior pero reflexiona sobre los problemas de su país, la prueba de esto lo constituye la cinta que en este espacio estamos explorando; esto es lo único que podemos decir de él, pues su obra cinematográfica y su formación están en construcción, Buscando a Miguel es su segunda película después del Séptimo cielo. La historia en cuestión, tiene un referente está en las calles y que todos los sucesos que se cuentan en la película; son la realidad de una ciudad que nunca duerme y que puede ser el inicio de una vida para unos, mientras es el fin para otros. Lo primero que viene a mi mente cuando pienso en esta cinta es mi cercanía con el cine desde la perspectiva de Roman Gubern como “arte, espectáculo, vehiculo ideológico, fabrica de mitos, instrumento de conocimiento y documento histórico de la época y sociedad en que nace” Desde esta perspectiva, podemos analizar su función en la sociedad, las realidades que desconocemos y, al mismo tiempo puede ser el vehiculo por el cual se difuminan ideologías oscuras que pervierten la conciencia de los sujetos. Siguiendo estos parámetros, abordemos el examen a Buscando a Miguel como obra arte, como un instrumento de conocimiento y como parte de un material histórico, que nos abre las perspectivas para entender una serie de fenómenos y contextos sociales propios de una ciudad.

Su película es una fuente de reflexión sobre ciudadano, de la búsqueda de la identidad por medio de otros seres que, aunque a primera vista, no tengan ninguna importancia terminan siendo quienes le dan la identidad a la ciudad, pues lo que nos muestra el director es que a Bogotá no solo la constituyen quienes utilizan sus sistemas de transporte, de salud, de justicia y de vivienda, sino también aquellos que denominamos parias, aquella población supuestamente marginal –transexuales, recicladores- con la que a diario convivimos, pero que sin embargo desconocemos, la cinta logra mostrar que el único requisito que alguien debería tener para ser considerado como ciudadano es el hecho, de ser un ser humano que tiene la misma capacidad que cualquier otro sujeto de odiar y de amar sin importar su condición social.

De igual manera lo que esta cinta logra mostrar, considerándola como material de conocimiento, es que esos mitos bogotanos que se llevan a cabo en los mismos escenarios en que se desarrolla nuestra vida tragicómica, adquieren una existencia irreductible en la cinta; este es uno de los mayores logros de esta producción, pues logra decirnos que afuera, en la periferia, viven también seres humanos que a diario experimentan una lucha constante no sólo contra su voluntad sino también contra una ciudad que los niega y que los ahoga llevándolos a habitar en un limbo material que resulta más terrible que el mismo mito cristiano. Uno de los logros de esta película, es la sencillez de su trama y el rol asumido por sus protagonistas, papel que desde la filosofía podemos examinar siguiendo una máxima de Arthur Schopenhauer Basta mirar desinteresadamente a todo hombre, a toda escena de la vida, y reproducirlos con la pluma o el cincel, para que en seguida aparezcan llenos de interés y de atractivo y realmente dignos de envidia. Mas si nos hallamos en pugna con esa situación o somos ese hombre mismo, entonces como suele decirse, sólo podría soportarlo el diablo.

La historia es un viaje de contrastes por una ciudad ignorada que puede que esté ahí, el hecho es que no lo sabemos y la única manera de saberlo es recorriendo sus calles, para descubrir que el tema de esta película no es fantástico y ni siquiera surrealista, resulta que es una cinta que habla de historias que no podemos eludir y que nos llevan a ver que Bogotá no es un sistema masivo de transporte, ni siquiera es una ciudad en que las políticas de genero son importantes, Bogotá es una ciudad que oculta su verdadera cara, por fuera es un modelo solidó de progreso, cuando al interior existen realidades que dan a entender que esta es una ciudad que no tolera la diferencia, en este sentido Bogotá está enferma y el diagnostico nos lo proveyó Buscando a Miguel.

Lo anterior me remite a Albert Camus, cuando habla de lo siguiente “todas las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un comienzo irrisorio. Las grandes obras nacen con frecuencia a la vuelta de una esquina o en la puerta giratoria de un restaurante” La historia de Juan Fischer relata un hecho irrisorio, que tal vez tenga un inicio en algún lugar de macondo, pero aunque no nos guste y aunque sea la molesta historia de Bogotá y, nos dice lo que no queremos ver en las calles por voluntad propia, un cineasta nos lo muestra desde su propia experiencia, esto hace que la cinta parta de una visión irrisoria del mundo, pero al final esta visión cambia y pasa a ser un hecho que no se puede ocultar. Al final esta historia no habla de un hecho histórico genial, ni tampoco de una historia amorosa épica, nos habla de una vida particular y minúscula la cual es el reflejo de otras dos mil historias similares de personas que habitan en Bogotá. En conclusión, aunque no les haya contado cual es la historia, sí les puedo decir desde Roman Gubern, que “una vez más el cerebro del hombre ha sido capaz de materializar sus sueños”. Iván Darío Moreno.

*Museo de ritmos

Alas de prueba: el viaje musical de Cesar López.

“Aunque nos acompañe siempre el riesgo terrible de caer

y veamos acercarse brutalmente el suelo,

seguimos enfrentando el barranco,

poniendo a prueba estas Alas”

Cesar López

Entrevista realizada por Gina Barón y Jadison Gallego

El músico y compositor Cesar López representa un estilo distinto, abandona la esfera de lo comercial para dar sentido al quehacer del músico con proyectos artísticos ligados con lo social. A lo largo de los últimos quince años ha recreado diversas experiencias mediante la música, estos experimentos son más cercanos a las vivencias de ese pueblo invisible que desconocemos, pues en estos se observa la exploración de lugares abandonados por la sociedad; clínicas psiquiátricas, cárceles, institutos para discapacitados, sitios azotados por la violencia, espacios que se revindican desde un continuo dialogo con esas realidades que desconocemos. Impulsado por una curiosidad innata, López anda a la búsqueda de las ausencias; ausencia de razón, ausencia de libertad, de equidad; ausencia del ser querido, de su padre, esto lo impulsó a lanzar su primer trabajo como solista El Álbum de las ausencias. A este proyecto le seguirían: Invisibles Invencibles, Alas de prueba I, II y III, proyecto Púrpura, La Resistencia y finalmente La Escopetarra. Cesar López brinda nuevas luces para evidenciar la necesidad de retomar y analizar los procesos que nos han constituido como individuo y como sociedad, recuperando los imaginarios que permiten volver a lo propio y a la necesidad de reinventarnos.

Pregunta. ¿Cómo empieza todo esto, tu carrera?

Respuesta. Todo parte de una voluntad muy honesta de querer hacer cosas con la música; tenía unos instrumentos en la casa, después fui al conservatorio, siempre he estado en un ambiente de músicos, pero la cosa se va poniendo seria en 1989 cuando con el grupo los Amantes de Lucia empezamos a tomar la música como un proyecto de vida, no tener sólo un espacio para curiosear y experimentar sino para convertirlo en una posibilidad de encontrar un camino, de volverlo una forma de sostenerse, expresarse, alguna manera de difundirse y constituirse a largo plazo.

P. ¿Cómo surge la idea de trabajar con la música en un ámbito menos comercial y más allegado a realidades sociales?

R. Es un accidente, yo estaba tocando en Poligamia y me encontraba en un territorio completamente comercial, no sólo por lo que se reflejaba hacia fuera, sino que era un grupo de personas que estaban interesadas en la producción y venta de miles de discos, esa situación me lleva a buscar por otros lados. Recuerdo un concierto donde Poligamia tocaba, donde se veía el estadio lleno de gente con encendedores prendidos; sentía que algo no andaba bien y eso no era normal, entonces es ahí cuando yo decido montar un proyecto paralelo al de poligamia y empiezo a crear El Álbum de la Ausencia, que nace también con la muerte de mi papá. Este es un proyecto donde un grupo de amigos músicos decidimos meternos a dar conciertos en clínicas psiquiátricas, en las cárceles, en diversos lugares donde habían niños sordos, ciegos, con síndrome de Down, todo esto movido un poco por curiosidad morbosa, de mirar qué puede pasar, pero poco a poco viendo el resultado, deja de ser ese ejercicio hecho por simple curiosidad, para convertirse en un despertar a otras realidades.

P.¿Como surge la idea de la Escopetarra?

R. La Escopetarra es la síntesis de todo. Yo estudie en la Universidad Pedagógica y allí tuve la oportunidad de acompañar a mis amigos a cantar en los buses, ahí surge la experiencia de los músicos de la calle, con ellos entiendo que hay un ejercicio poderoso en el campo musical. Por otro lado, está llegando el trabajo de resistencia civil y decido juntar esas dos cosas para hacer lo que llamo El batallón artístico de reacción inmediata, que era un grupo de músicos que reaccionaban de manera rápida a hechos violentos, dirigiéndonos a los lugares a acompañar a la gente afectada. Un ejemplo es la bomba del Nogal en el 2003, en ese momento nace la Escopetarra, nosotros con esa película de estar ahí, nos encontramos con un militar que no nos dejaba pasar, me doy cuenta que el loco carga un fusil como yo cargo mi guitarra, que de la misma forma en que él pone su mano para apuntar, yo pongo la mía para hacer acordes, que si él quisiera disparar lo haría con esta mano (derecha) al igual que yo con mi guitarra. Pero recuerdo que el tema no lo resuelvo allí mismo, sino que luego lo retomo y decido decirle a la directora de Instituto, Rocío Londoño, que por favor me consiga unas armas para hacer un experimento. De manera individual, yo me había ido a la décimo tercera brigada y le pedí a un comandante un arma para hacer el experimento y me respondió que no “¿qué si es que el ejercito se había mariquiado?”. En ese momento pensé en la manera de cómo se concibe a la música en muchas partes; el arte, la literatura, todo ello se piensa como algo amanerado, débil y en ese ámbito militar lo primero que se dice es que se mariquíaron, en su cabeza no debe haber punto de comparación con el ejercicio que yo quería realizar. De ahí nace toda nuestra lucha, buscar que el arte no sólo sea una cosa de entretención sino también una herramienta para servir y por qué no para acompañar procesos tan serios como los del conflicto.

P. ¿Que elementos hay en tu proyecto que permiten mediar entre los distintos agentes del conflicto, en tanto que cada uno tiene una concepción distinta de lo que puede ser la violencia, la reconciliación y la paz?

R. Ese es un tema muy teso, muy duro, nosotros en Pereira logramos llevar un proyecto que se llama Grupo experimental de reconciliación y ese grupo está formado por 5 pelados, raperos del Hip Hop, dos de ellos estuvieron presos, uno perteneció a las AUC y el otro a las FARC, y hay otro que es desplazado. Reunir esta gente era muy interesante, porque venían directamente del conflicto, de la realidad colombiana y ponerlos a pensar juntos y discutir era maravilloso, ellos se ponían a cantar; una estrofa es el loco contando la historia y el coro que lo acompaña, son los pelados preguntándole al loco cosas sobre esa historia; cuando esos pequeños ejercicios salen a la luz pública generan unas reflexiones muy interesantes en los mismo excombatientes.

Algo parecido pasa en el Hogar Claret en Pereira donde hay treinta muchachos, hombres y mujeres de diversos grupos armados, de la costa, del valle, allí se ve el máximo ejemplo de convivencia, si el simple hecho de convivir con un hermano es difícil, cómo será vivir con alguien que no es de su familia y más a esa edad donde se es rebelde, donde no se le teme a nada. Documentar eso nos ayudó mucho para lo que viene ahora, ver que a través de la música se produce un efecto importante, porque la imagen pasa muy rápido, pero en la música muchas cosas quedan para analizarse, entonces se empieza a discutir cuál es la cantidad de verdad, qué hacer con las armas que vienen del desarme. Todo esta realidad que se encuentra en el aire es la que nos pone el reto, de cómo ayudar a resolver algo que nadie sabe resolver, que se está en el proceso, por eso es un ejercicio incierto, todos los colombianos somos nuevos en el proceso de reconciliación, no se sabe con exactitud qué es lo que se debe hacer.

P. Cesar, hay una serie de proyectos en los que no se ve una continuidad, ¿Cómo se justifica esto?

R. Ahí hay dos temas muy claves; uno es que los proyectos como los miro, responden a un gusto personal, de no ser así, si se hiciera como por encargo no tendrían el peso y el impacto de lo artístico. Todo esto responde a una curiosidad tremenda de meterme a una clínica psiquiátrica, de acercarme a las ruinas de una bomba o de conocer cómo vive un artista en la calle y ese es el hilo conductor. Sin dejar eternizarme en ello, es que siempre ha estado la tentación de quedarme atrapado en un proyecto por ejemplo, con los músicos de la calle, la pregunta era será que ahora hay que hacer una fundación, una sede, una escuela, hacer Invisibles invencibles parte dos, tres, parte cuatro y yo siento que esa no es ya una labor del artista, sino de algún gestor social que descubra que allí hay un campo de trabajo. Lo mismo pasa con la Escopetarra ¿será que yo tengo que dedicarme a transformar las armas del conflicto colombiano, guatemalteco? Yo creo que ahí ya empieza otro ser humano que no es el artista, lo que éste debe hacer es producir un gesto de reivindicación.


P. Vayamos a lo más actual, por un lado la participación de los músicos frente a la polarizada situación política y el recrudecimiento de la violencia en el país. Mientras que por el otro lado, grupos como Odio a Botero en su más reciente convocatoria te nominan con un premio a toda una vida de fracasos ¿Qué piensas tú de este ambiente tan disímil?

R. A eso iba a ir, pasa que eso no es nuevo, sino que suena muy mamerto decir que hace muchos años existen artistas que han empujado procesos sociales, incluso en Colombia han existido siempre, pero a ellos los han señalado y los tienen metidos en la misma bolsa con Silvio Rodríguez. Es una cosa que no sólo resurge porque los momentos del país lo requieren, sino porque se empieza a volver de alguna manera chick. En estos días leí un texto del director de La Mega a propósito del concierto Nuestra tierra sin violencia, y él decía que lo que le interesaba era que la paz se pusiera de moda, eso puede tener muchas lecturas, pero me parece que el intento es interesante, que los muchachos que viven desconectados, que andan pensando en otras cosas, que andan por ahí rumbeando sin darse cuenta en qué país viven, aunque sea por ese canal, les llegue una información que necesitan tener y empezar a manejar. Claro, cuando Juanes empieza hablar y el uno y el otro tema empiezan a tomar mucha fuerza, de hecho comienza a existir una saturación de mensajes sociales y se pierde la información. Además los artistas no tenemos ni idea de lo que está pasando y, yo me meto en la sopa porque aunque haga la tarea juicioso y busque, creo que falta mucho por aprender. Uno se da cuenta en los distintos conciertos que los artistas hablan del TLC y se pregunta ¿Realmente han leído sobre ello? Se da uno cuenta, que lo que quieren es involucrarse en algo social, pero más por protagonismo, no viene de un deseo o intención real. Hay una frase de Martín Lutter King que dice “no me preocupa tanto el alarde los malos como la pasividad de los buenos” pero más que la pasividad de los buenos, me preocupa que la gente que puede hacer algo se dé garrote entre sí. Una vez Gustavo Gómez periodista de Caracol escribió algo en contra de la Escopetarra y yo apenas leí la columna lo llame y le pregunté, si el realmente conocía lo que se estaba haciendo con ese proyecto y le dije que la entrega de la Escopetarra a artistas internacionales era apenas la capa más visible de una cantidad de trabajo subterráneo que nosotros hacemos; visitamos a los pelados, tocamos con ellos, nos metemos a los sitios, discutimos, componemos canciones, grabamos discos, damos mucha lora. Cuando el loco leyó y entendió la cosa, me llamo, me hizo una entrevista en caracol al aire y con argumentos.

P. ¿Cuál es el mayor logro que se ha dado con la Escopetarra?

R. Esto se está trabajando con el tema de las minas antipersonas, la estrategia de los dos últimos años es la internacionalización de la problemática, de mostrar las posturas y propuestas de los jóvenes. Esto con el fin, no sólo de conseguir recursos y ayuda extranjera para el tema de las minas, sino para tener una red mucho más amplia que nos aporte nuevas visiones para la solución del conflicto armado. Por ejemplo ¿cuál es el proceso con la Escopetarra? todos los que la tienen van a grabar un CD en el 2008 van a aportar textos y esa es realmente la razón por la que se está haciendo esto. En este año se han hecho cuatro entregas: Aterciopelados, Botafogo, Bob Geldof y Afroreggea que es una organización cultural de Brasil que trabaja en las Fabelas donde estuvimos laborando cerca de un mes. Esas entregas visibles, van de la mano con sesenta y nueve actividades no tan visibles realizadas en el país, estuvimos en colegios distritales, en escuelas y esa labor es la que no se ve en los medios, y por lo cual la gente malinterpreta la labor dejándola en lo más superficial.

Lo más importante es el beneficio que trae todo esto sobre los jóvenes, sobre los desmovilizados, cuando tu vez que el pelado que ha cargado un arma la resignifica con la Escopetarra y contribuye a lo más difícil que es desactivar su arma interior porque para matar se hace con una piedra o con un cortaúñas; ahí es cuando yo digo la Escopetarra tiene un efecto positivo y lo más lindo de ello es que la Escopetarra no es un producto que yo me invente, no es como un shampoo o algo que necesito vender, es un objeto que está hecho para que genere discusión, preguntas ¿hay guerra o no? O lo que hay es un conflicto armado, qué significa eso y todas las conversaciones que se generan frente a eso. También hay una Escopetarra en el museo de Antioquia y lo bueno es que a través de ella atraen a los muchachos que nunca han estado en un lugar como ese y tienen la oportunidad de ver otras obras de arte.

*Art No Deco

Museo Y Arte Periférico

La pasada Documenta de Kassel, el evento de arte contemporáneo a nivel mundial más importante que se celebra cada cinco años, abordó como tema central el arte periférico o el arte en la periferia; más allá de la discusión geométrica sobre centro y periferia podemos decir que ha llegado el momento en que los actores del campo artístico se desplazan de los centros hegemónicos del arte hacia las periferias.

Desde hace cuarenta años el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá dio inicio a este desplazamiento en nuestra ciudad, como idea utópica fue vista como una locura, como una sin razón y por ende se le pronosticó el fracaso, en aquel momento se estaban consolidando los centros de poder artístico y este Museo con una propuesta acentrada y popular se clavó como una espina en el dedo de los críticos y directores de museos de aquella época.

Estas cuatro décadas le han permitido al Museo de Arte Contemporáneo, generar puntos de contacto, diagonales y tangentes a ese círculo cerrado que constituye la escena del arte; su carácter periférico le ha permitido una gran movilidad, así como una independencia de los grandes centros y de las directrices jerárquicas; en sus espacios se han iniciado muchos de los movimientos y de las tendencias vanguardistas del final del arte moderno y de los inicios del arte contemporáneo.

Es precisamente el arte contemporáneo el que valida y sustenta su carácter periférico, y no es que se desprecie el centro ni que se invaliden las dinámicas que se generan en estos sistemas, es precisamente su carácter amplio, no canónico y abierto que le permite circular no sólo geográficamente sino también conceptualmente como un espacio válido para las prácticas artísticas que proponen los creadores en la posmodernidad.

No es fácil permanecer en la periferia, ya que una vez se consolidan ciertos procesos toda periferia tiende a convertirse en un centro alrededor del cual giran otras periferias, pero el objetivo del Museo de Arte Contemporáneo no es éste, es precisamente crear muchas dinámicas en las periferias, en los individuos, en los sujetos que dan significados al arte y no generar un centro gravitacional envolvente y limitado.

Ser periférico es estar atento a los cambios constantes del significado, de las relaciones sociales, de las dinámicas estructurales y en fin del acontecer del ser humano; queremos ser esa periferia constante de la que todo individuo puede hacer parte.

Gustavo A. Ortiz Serrano

La poética del Arquitecto

“Toda arquitectura verdaderamente comprometida es siempre cómplice de su tiempo por haber sabido extraer del manantial de la vida la profunda poesía de las formas construidas.”

"No me atrevo a enseñar. Siento que me estoy equivocando. No sé cómo se enseña la poesía. El diseño es una poética. ¿Cómo transmitirlo?".

Cruzaba el año de 1997, cuando mi dormida piel por azares de la vida llega a esta turbia villa de concreto a estudiar Arquitectura en la nacho, no cabía duda que allí más de un poro entraría en fulgor, las circunstancias de una nación hechas universo brindarían luces en medio de la desesperación del ensimismado aprendiz de la línea y el punto. Entre los deberes de la academia y los placeres de la vida, fui descubriendo los maestros del arte de la poética tangible, conocí a Rogelio.

Concebir el aporte de Salmona a la tradición de la arquitectura colombiana ha sido para muchos la fuente de inspiración y de resistencia ante la preponderante deshumanización de la arquitectura moderna, o internacional, o globalizada, o la etiqueta con la cual se disfrace la desmesura de la plusvalía telúrica de las grandes fábricas de la indiferencia, en especial para quienes tuvimos un primer encuentro con él y con su obra, con su implacable carácter y sus recios principios, que a la postre transformaron la vida de los bogotanos, utilizando el ladrillo como célula de la colmena que abriga las incansables abejas, desde entonces cada uno, desde su especialidad, ha tratado de interpretarlo.

Rogelio Salmona desde muy pequeño salió con sus padres de París, ciudad en la que nació en1929, hacia Bogotá y se instaló en el barrio Teusaquillo. Inició estudios de arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, y los interrumpió en 1948 después de el bogotazo para viajar a París, donde trabajó en el estudio de Le Corbusier (seudónimo de Charles Edouard Jeanneret-Gris) por casi diez años, participando como dibujante, junto con el mexicano Teodoro González y el italiano Pier Luigi Nervi, en proyectos como el Plan Piloto para Bogotá, Notre Dame du Aut, la sede de la UNESCO en París y en especial la ciudad de Chandigarh en la India.

La obra de Salmona, versa sobre arquitectura que aún en sus aspectos más abstractos no oprime las emociones, ni las encierra, para ello tenía especial cuidado en la interpretación de los lugares donde establecía sus edificios e intervenciones urbanísticas. En su obra encontramos una manera de transcribir los espacios; sus cargas históricas y emotivas, a un lenguaje con el cual dialoga con la naturaleza y el entorno construido, mediante una clara definición de las circulaciones y sus posibilidades articuladoras, que no solo tienen en cuenta la función, si no también la relación necesaria y poco clara en la arquitectura colombiana, con el afuera. En algún momento de mi juventud tuve el placer de tropezarme con él, la primera vez fue en las Torres del Parque que se alza en terrenos de la independencia, y entendí: que lo único independiente ahí era su obra, ni el parque, muy francés, ni la plaza, muy española, ni el planetario, muy galáctico, eran de nosotros, pero las torres sí eran parte de nuestra relación con la tierra y el espacio. En ellas se halla una preocupación por la escala humana, en cerramientos y linderos, que para un proyecto de esa altura es de especial cuidado; su volumetría esta basada en un despliegue radial, en el escalonamiento y en el uso de balcones que realzan el tejido visual de los edificios. La implantación urbana, con su generosidad en los espacios públicos, es uno de los trascendentales aportes del conjunto a la arquitectura nacional, evidenciada en la forma respetuosa de establecerse en medio de hitos urbanos, parece que todo hubiera sido concebido alrededor de las torres y no lo contrario, caminar por las torres del parque es en un inicio, una exploración que me llevo a la embriaguez del sincretismo de lo construido con lo natural, al sueño de lo bucólico en medio de la urbe y quise entender mas de aquel artesano terracota.

Con el transcurrir de los días hallé el conjunto de La Nueva Santafé, y ese sí que es un universo muy propio de las concepciones de Salmona, en un recinto de gran escala como lo es un conjunto multifamiliar, crea un adentro muy natural, como una gran huerta de emociones, la cual no era exclusividad de los residentes, sino que la ciudad y sus transeúntes podrían disfrutarlo, al menos eso pretendió el, y al frente, el Archivo General, que por mas archivo que sea nunca será viejo, nunca estará cerrado, siempre tendrá los brazos abiertos, y no lo digo por el carnet y el celador que lo exige, sino por esa plazoleta y sus volúmenes de pasmosa claridad geométrica que evocan, como toda su obra, a abuelas, a pueblos y, particularmente a Miguel Ángel y su regocijo en el detalle. Con el tiempo me volví secuaz, como más de ocho millones de bogotanos, de las sensaciones que despiertan las poesías tangibles, y comencé a perseguirlas. En algún momento de aquellos días, tuve la oportunidad de ir a una obra, que considero es su trabajo maestro: la Biblioteca Publica Virgilio Barco, allí estaba, con un poco de mal humor, y qué arquitecto no lo está, si por el arquitecto fuera cambiaría a la humanidad entera de un sólo grito, y el de él, no fue por la impotencia de no poder cambiar la historia, lo ha hecho, sino por la desidia de unos ladrillos que no tenían el color terracota de su predilección, de nuevo, volví a entender, que para hacer lo que él concebía, había que tener carácter, había que tener claro no solo el color del ladrillo, la vida como tal es nuestra mas grande obra, todos somos arquitectos, y la de Salmona nos deja como simples aprendices del punto y la línea.

En la biblioteca Virgilio Barco, que si no es por una insolente constructora que apila cajitas frente a ella, ni nos damos cuenta que estamos en una ciudad, puesto que la relación entre el adentro y el afuera esta tan bien planteada desde una perspectiva poética, que le hace ver como un cínico de la conciencia. Los espejos de agua nos recuerdan la existencia de un cielo, las rampas nuestros cíclicos caminos, que por cíclicos no quiere decir que no merezcamos la agradable sorpresa de haces de luces, de hilos de agua, de ventanas a nuestro enjambre, de balcones a nuestra libertad, de terrazas de nuestra naturaleza innegablemente intervenida, de la defensa de una ciudad abierta y pluralista, quiera dios, Heráclito o el diablo que resucites en lápiz o en papel para que seas tu el que siga interviniendo la nuestra.

Gracias a esta irrefutable calidad espacial logro lo que ningún arquitecto latinoamericano había logrado, recibir la Medalla Alvar Aalto, en Marzo de 2006 y que entrega, cada cinco años, la Asociación Finlandesa de Arquitectos, Salmona se colgó uno de los premios de arquitectura de más prestigio en el mundo. Se trata de un galardón de tipo humanista, que premia el conjunto de la obra de arquitectos de cualquier nacionalidad. En un mundo como este donde la razón prima sobre todo atisbo de sensibilidad, la arquitectura se ha convertido en el ataúd de la naturaleza. La plusvalía de lo telúrico desde donde el elefante defeca ha ahogado la larva de la mariposa, y el rió ha disminuido su caudal aumentando su corriente, es muy a mi pesar la conclusión real de ese maravilloso texto que escribió con ocacasion de este importante reconocimiento, La Mariposa y El Elefante.

El ser humano sólo tiene su vida. El tiempo de su vida. No la goza cuando desperdicia el tiempo y lo desperdicia cuando para habitar –que es nuestra razón de ser-se le ofrecen espacios injuriosos. Es posible que aunque no sea consciente de ese desperdicio, no deje sin embargo de perder su tiempo y de perderse él mismo. Se debe proponer lo contrario: espacios que permitan que el tiempo transcurra, lo cual es una manera ética de contrarrestar, de oponerse a esa noción absurda pero tan anclada en nuestra época, de que el tiempo se pierde.

La Mariposa y El Elefante.

El complejo residencial de apartamentos El Polo de 1959, las Torres del Parque de 1964-1970, que rodea la plaza de toros bogotana y que es su primera declaratoria de Monumento Nacional, el barrio Nueva Santafé, el Archivo General de la Nación en 1992, la Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena de 1985, Premio Nacional de Arquitectura en1986 y distinguida como el proyecto latinoamericano más importante realizado en la década de los años 80, la casa García Márquez en el centro histórico de Cartagena en 1990,el edificio de Postgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de 1999, la Biblioteca Publica Virgilio Barco y el eje ambiental de la céntrica Avenida Jiménez, son algunas de las obras que contrastan con posiciones mezquinas de arquitectos que le apuestan a las rejas y su vertical confinamiento. En Colombia el oficio del arquitecto se ha desvirtuado por la necesidad de generar un recinto que contenga las incansables almas de las fábricas de la indiferencia, nos han convertido en fosforitos que se resguardan del granizo y viajan en transporte masivo, y en medio de esta inestable olla de fríos vapores, encontramos colmenas de ladrillo que le dan respiro a nuestro reprimido fuego.

La noticia de su muerte, este 3 de Octubre, me llenó de una extraña melancolía, y es que recordé la belleza, la tristeza tenia una sospecha de alegría, no se ha ido, sigue instruyendo, aún se le puede recorrer, y eso he hecho , y por toda la ciudad, por que donde uno pueda hallar equilibrio entre la razón y la sensibilidad, entre el adentro y el afuera, entre la penumbra y el brillo, entre el ver y el ser visto, entre la prosa y el verso, entre la mariposa y el elefante, ahí estás Salmona, ahí me detengo, y te escucho hablar. Le recuerdo que espero su vuelta a este mundo, en lápiz o en papel, para que nos ayudes a resucitar esa larva que tus congéneres han enterrado, televisado y olvidado.

Martín Augusto Tole Gonzalez

*Gotas Amargas.

El cúmulo de sentimientos que se expresan en esta sección son parte importante del carácter de esta publicación, la expiación acompaña el nacimiento de cada letra, estas creaciones personales son propias de todos los que planteamos un enfrentamiento contra el reflejo de culpa trasmitido por el reflejo de una sociedad indiferente.

El paradigma de la claridad, la historia de un destierro.

Tres horas y diecisiete minutos han pasado desde que me enteré que me plaga el dolor espiritual y aún no he logrado curarlo, y tal vez me tome más tiempo. Siempre actué con la idea de que cada quien elige cómo cosechar su espíritu, por ejemplo, creí que el ser inmaduro era una opción, no un estado mental, igual que la pobreza, que no es una condición social... era joven cuando aprendí a ver... eso creí. El pensar que de alguna manera se cayó un cerebro debajo de mi cabello me llevó a buscar la respuesta al sufrimiento de la vida y al dolor de la existencia, como aquellos que pasan toda la vida esperando la muerte, pero aún no he encontrado lo que estoy buscando. El genio es la respuesta antes de la pregunta, aunque al parecer sufro de fatiga mental, por lo que debí esconderme detrás de mí misma usando escudos humanos.

Nací y me crié en una ciudad fuera del tiempo, y sólo recuerdo la noche en la que llovió sangre, que en los suelos se hizo ríos, y yo me bañe en esos ríos y bebí de ellos... soy culpable, mi fuerza no estaba a la altura de mis convicciones, mi alma era pequeña, indefensa y frágil, y mi maestro fue el sufrimiento, la esperanza era sólo una distracción. Hallé la felicidad en una cálida amapola. Quise ver el mundo, y encontré que era un mundo sobrepoblado, enfermo de pobreza y con los recursos amenazados, y fue cuando escuché a alguien decir: “por una buena causa, el sacrificio es inevitable, así que llora rápido y bébete tus lágrimas”. Es pura la mente que ha perdido sus recuerdos y no es corrompida por ellos, eso la hace fuerte, pero también vulnerable, y desde los de la clase alta de la ciudad hasta los de las más pestilentes vestimentas, todos buscan alternativas que les permita un desarrollo eficiente, y todos son más corruptos que sus opiniones.

En el momento en que empezamos a respirar, a agonizar, por lo que decidí buscar lo que muchos buscamos pero pocos encontramos, y descubrí que las emociones alteradas son la causa del amor transferido, y que lo que hay que tener bien estructurado es el criterio, pero la inteligencia no se da ni se quita a nadie, es cuestión de estimularla, y ésta era mucho más importante. Necesitaba conocimiento, así que me empaqué para hacer un “viaje”.

El conocimiento es un gran pene ambulante en busca de seres a los cuales penetrar, pero hay dos tipos de seres, los seres de mentes anorgásmicas o de mente lenta y los de mentes de orgasmos múltiples. No sabía qué más pensar, no tenía a nadie, y sólo quería que alguien me dijera: “las mujeres son muy sentimentales y erráticas” ó “no me lo digas, compruébalo”, pero no había nadie, y no me lamenté, porque llega más rápido el que viaja sólo. Mi pensamiento resultó astuto, pero poco sabio.

No podía tener objeciones, y si las tenía, debía superarlas, porque mi viaje de autodescubrimiento intelectual era más importante que mi vida, y debía vencer o morir en el intento, pero si moría, no podría responder esa llamada silenciosa a este corazón solitario, además, no quería que me dijeran: “muere, y sufre en el otro mundo por ser tan débil”, como lo hicieron con otros, por lo que decidí creerme una mentira con una verdad que la sostuviera: soy feliz, porque no estoy triste... y así mi sueño murió antes de empezar, por lo que reencarné en mí para continuar con mi tarea.

Pasó mucho tiempo antes de que me acostumbrara al estruendo de mi arma y pudiera pensar en qué tanto me serviría saber lo que estuvieran pensando aquellos que caían ante mi habilidad con las manos, y pensé, que tal vez el contexto de una persona se basaba en su educación, así que ésta definiría si el muerto que estaba a mi lado hubiese sido un leproso social incrédulo a la publicidad tradicional, o yo una perra con piel de tierra y arena haciendo uso del poder de las buenas ideas. La realidad es la tierra del eterno sufrimiento, y yo era bienvenida, pero huía de ella, así que mi vida se volvió un subtítulo, al igual que las demás.

Al azar de los días, sólo me quedaba arrodillarme ante el ángel sin alas que vino a ofrecernos el mercado del cielo y realizar el memorizado monólogo maligno con un poder deductivo excepcional que compensaba mi falta de fe. Creo que le gusto si me usa. Sólo me falta entender por qué en una Iglesia, una jaula para Dios, cuando mis problemas y mis pecados están del otro lado de las estatuas.

Así llegó finalmente el día en el que aprendería algo que no puedo decir que no sabía, pero si que no comprendía. La sabiduría de los dioses es antigua y conocida, pero ni siquiera estos sabios pueden igualar a un mendigo porque él enseña muchas cosas. Me enseñó que la muerte es el precio de la vida, que es mejor un ejemplo que un consejo, me enseñó sobre la inteligencia, la razón y el entendimiento. Entendí entonces que la Victoria de Samotracia estaba más completa que yo, y que los santos juzgan al mundo, pero los sabios, los verdaderos sabios, intentan arreglarlo, y que todos hacemos mejor la tarea del otro.

Más allá de todo mi odio, caos y desesperación, comprendí que por cada Escopas hay un Eróstrato, y que todos los pronósticos sobre el futuro se basan en el pasado evidenciando una historia engañosa, por lo que todo mi esfuerzo mental tendría la capacidad de hacerme reflexionar sobre el valor de mi orientación enfermiza de no poder dar vida sin arrebatarla, y de que la muerte de todos se compensaba con mi vida, ya que “por una buena causa, el sacrificio es inevitable”... creo que tenía la boca llena de razón aquel que lo dijo, pero aún así, sus ancestros llorarían, y los míos también.

Decidí entonces, no ser insensible con mi propia realidad y recuperar el carácter no viciado de lo que quedaba de mi civilidad y ponerlo al servicio de la batalla eterna del cerebro contra el puño, esta vez del lado de mi preferencia, aunque, no fue tan fácil, mi cuerpo ya reflejaba mi demencia interna... fue algo perturbador.

Sólo en momentos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento, dijeron alguna vez, pero yo la usé y la uso de tal forma que no lastime mis ojos ni marchite mi cerebro, lo que resulta ser una tarea difícil. Ahora, rebosante de sabiduría, me encuentro en guerra con mi otro yo, somos rivales, depredadores cazando la misma presa, aunque no sea esa la lógica del sistema, eso lo dejaré a los grupos de justicia privada.

Callé por miedo a la condenación, no quería ante mí una mirada fría y un comportamiento metódico como el que yo reflejaba, creí que sería un devastador desperdicio de una mente privilegiada.

La oposición a la esclavitud mental será la causa de mi destierro del mundo material y no puedo hacer nada porque estoy en el lugar al que he llegado cansado de pensar: la conclusión. Creo que debí esperar a la senectud por una epifanía.

Sergio Andrés García Cortés.

*La última gota.

Las ilusiones son las plagas del que renuncia a la esperanza.” Nicolás Gómez Dávila

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